Eres parte
de todas esas
estrellas.
Del espacio inmenso
que cabe en tu pecho.
Perteneces a las flores,
al viento, que es
tu respiración.
Tus latidos son
del corazón
del infinito...
Es estar en presente,
contemplando tu ser
en la claridad
de tus ojos.
Alegría intacta
desde tu niñez,
la ternura infinita,
silenciosa paciencia.
Quizás como ángel,
como brisa tranquila,
como un sencillo milagro...
Háblame
de ese misterio
frente a nosotros,
con tus propias palabras.
O tal vez lo
están diciendo
tus ojos al mirarme.
Si es así,
dejemos al silencio
en silencio...
Quedemos
en un abrazo,
con los ojos cerrados,
unos eternos segundos
fuera del tiempo.
Giremos nuestros cuerpos
como en un vals.
Girando y girando
en un espacio
sin límites,
sin fronteras...
Niño que siempre
está presente,
contemplando la bahía,
sintiendo la brisa fresca
que viene del Este.
Conservando la ternura
y la dulzura de mamá.
A veces callado llorando
o riendo, contando estrellas
soñando con el horizonte
encendido, como una
posibilidad real del paraíso...
Componer
con un bello rostro
que tenga expresión
de distancia,
si es posible,
un velo transparente
de brisa, con algo
intangible, inalcanzable.
Un paisaje detrás
de total presente
iluminado por un
amanecer único,
en un silencio sagrado
de todo lo que existe.
Que se sienta la
alegría de las flores,
el éxtasis de los crepúsculos,
las noches azuladas
con plenitud de estrellas...
Componer
con un bello rostro
que tenga expresión
de distancia,
si es posible,
un velo transparente
de brisa, con algo
intangible, inalcanzable.
Un paisaje detrás
de total presente
iluminado por un
amanecer único,
en un silencio sagrado
de todo lo que existe.
Que se sienta la
alegría de las flores,
el éxtasis de los crepúsculos,
las noches azuladas
con plenitud de estrellas...