Eres una emoción intensa
que acompaña cada respiración.
El brote fresco de tu sonrisa,
tu presencia de continua primavera...
Tus manos suaves como la brisa tibia
cuando tu rostro se enciende
con una sonrisa,
mi cuerpo aniquila la distancia,
llegando a tu cuerpo
y nuestra almas se extienden
en un espacio infinito...
Son las constelaciones
que giran en un espacio eterno
desplegando una esperanza
humanamente inconcebible.
Incontables presentes
plegados como botones
de futuras flores...
Una sonrisa abre un paraíso,
los pies se desprenden de la Tierra,
el cuerpo se dirige a la altura
al sabor de la estratosfera,
cerca de la entrada donde ingresan
las felices almas...
Será la forma de tu cuerpo
desde la estribación de tus piens,
escalar desde tus rodillas
la caída en picado de tus muslos
incansablemente suavizados
por el roce sin tiempo del glaciar.
Arribando a tus caderas
a contemplar la hondonada,
valle fértil y embrionario de tu vientre.
Salientes de tus senos,
rocas solitarias redondeadas
por el viento antiguo y presente.
Cruzar el campo de tu pecho
hasta llegar a la columnata de tu cuello
aferrado al afilo del mentón,
descansar en la comisura de tus labios,
seguir por la pared lisa de tu nariz
hasta llegar a tus párpados dormidos,
más arriba el amplio balcón de tu frente.
Culmino contemplando
tu melena de bosque iluminada por el amanecer...
Esperan las flores
dormidas de tu jardín
un amanecer único
para abrir sus pétalos.
La magnífica realización
de ser una flor frente
al tibio calor del Sol...
Si sientes el rumor del infinito
busca un silencio,
el silencio ancestral que guardan los bosques
en las sombras inexploradas y profundas...