El espacio
es sincero,
abierto, transparente
no tiene nada
que ocultar,
solo es lejanía
o infinito...
Retener la tarde
tibia y tranquila,
la alegría de esa
hora que está
en el presente
sin futuro...
Eres solo sentir
ni siquiera pensar,
solo eres presente.
Que no te confundan
las luces o las sombras,
deja que entre el gran
silencio en tu silencio.
Dame tu mano
y emprendamos
el camino...
Tarde celeste
y dorada,
brisa del Este,
del paraíso.
El Sol se fuga
por la bambalina
del Oeste.
La playa está
en la melancolía,
como que algo se va
y solo se puede recordar...
Es la bahía.
Bahía ámplia
con lo brazos
abiertos,
conteniendo al
mar en un abrazo.
Paseo largo,
curvo, espacio virgen
que se transforma
en horizonte...
Será la brisa fragante
un ángel intangible,
luz primera,
resplandor del amanecer.
Silencio profundo
que invade de pronto
tu jardín.
Bondad de la noche
detenida un instante
para contemplarte...
Suspiros que emergen
desde la profundidad
del refugio tibio
donde habitas.
Pasean por la intemperie,
para luego fundirse con el espacio...
Componer con una tarde cualquiera,
con cualquier sonrisa desconocida,
luego un largo silencio donde poner la voz del viento.
El escenario natural donde se mecen las palmeras.
Unas olas espumosas
llegando a una playa solitaria,
una tristeza y una melancolía,
tendidas en la arena...