La tarde sueña,
se abandona encendida,
sin temer a las sombras
de la noche.
Se deja ir, confiada
en el resplandor
del paraíso...
Tu y la primavera, de nuevo
sorprendiendo la fragancia,
que no se si es tuya
o de flores recién brotadas.
Quizás el amanecer
luminoso, la alegría
esparciéndose en el día.
El paseo solitario y tibio
el mar convertido en lago,
el aire enamorado en el silencio...
¿Quién puede amar,
amar más que tú,
con amor simultáneo, infinito?.
Con que cariño ruedan
las galaxias,
permanentes caricias
hacia las nebulosas.
Infinitas estrellas queridas
inmenso, interminable espacio
lleno de bondad.
¿Quién puede amarme
más que tú?...
Cuando eres un bosque,
con destellos de luz y sombra,
el viento jugando a la escondida,
el vaivén de mástiles arbóreos,
señalando el cielo casi nocturno.
Convivo en tu misterio,
el crujir de las ramas
como un augurio,
la Luna descansando
en tu regazo...
Tu rostro,
en el silencio,
puedo sentir
el latido de
tu corazón
que te hace estar
aquí, para mi bien.
Si tus labios sonríen
no hace falta
que digas palabra
alguna...
La tarde se detiene
en el umbral de la noche.
Es solo un momento
lo que dura
el último resplandor,
el tono encendido
del paraíso
que brilla en los ojos
de un niño…
Se posa la primavera
en las terrazas solitarias
del invierno.
Pasa la brisa tibia
anunciando a los rostros,
el nacimiento de las flores.
Polen de esperanza
colmando las manos del viento...