REFLEJOS DE LA ETERNIDAD

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Sigo tu ritmo,

la cadencia de la tarde,

las notas oscuras

del piano de la noche.


Tu canto del amanecer,

la dulzura de la

primera sonrisa.


El estar del alma

intangible, una

sinfonía pausada,

eterna...




















Misterio profundo,

infinito, incomprensible,

un espacio en el pecho

que va más allá del horizonte.


Una sonrisa ámplia

llena de felicidad,

un amanecer interminable

con la frescura fuera

del tiempo...





















Párpados de negro noche,

con estrellas lejanas,

el brillo del agua

en los ojos.


El milagro de

una mirada,

belleza inconcebible

de un rostro...





















Es un abismo

estrellado y vacío,

con el bullicio

de cometas que van y vienen.


Galaxias que se rozan

hasta el punto del abrazo.


Nebulosas rosadas,  

blanquecinas,

violáceas, giran

en un vals inmenso...





















En tu paisaje

amanece un sol,

la brisa todavía  

fría y adormecida.


Sonrisa fresca

primaveral,

que viene de la infancia.


Tu espacio lleno

de bondad,

tu cielo azul límpio,  

puro, que baja

tocando el mar...






















Cuando era piedra,

arboleda tranquila,

hoja seca, amiga

del viento.


Siendo río deslizándome

por las pendientes

fuí brisa, corteza de  

árboles, conocí la altura

siendo rama alta.


Fuí tierra oscura,

lombriz y flor blanca,

plumaje y hasta pájaro mismo,

trueno, rayo,

vendaval y lluvia,

volcán y lago helado,

gas de nebulosa  

y estrella,

camino, sendero  

y caminante...






















Esperar las flores

en el jardín,

cuando la Luna,

la brisa y la calidez

del sol de primavera

lo dispongan.


La noche oculta el

misterio del amanecer

y la Luna con la

blanca melancolía

espera el brote

de humanos y

próximos ángeles...

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