Estos poemas espontáneos,
recién salidos de la nada...
Con el viento,
ni un pájaro
ni un ángel.
Sol decaído
intermitente
por las nubes
que van y vienen.
El mar brinda
la esperanza
del espacio.
Las florecillas
anónimas,
bailan libremente
por los prados.
Felizmente algunos
corazones ronronean
como los gatos...
Cantemos una
canción sencilla,
con un ritmo suave
y marcado, como
para que entonen
y bailen los niños.
Esos que llevamos
en nuestro pecho
con una ternura
y simpleza infinita...
A veces es bueno
llorar como un río
lágrimas dulces
que afloran de
una profundidad
acompañada por
pececillos de miradas
redondas y sorprendidas...
Sí, te quiero,
sobre todo cuando
hay silencio,
porque mi amor
se expande en
el espacio quieto
y sin límites...
La ternura
anda suelta
en la intemperie,
un poco loca por
el viento.
Las sombras
van y vienen
algunas se refugian
entre las rocas
de la rompiente.
El mar se hace
espuma festiva
efervescente como
el champán...
Y llegó el día
que nos conocimos,
aunque sabíamos
en silencio, que
esto venía de antes.
Tú te descubrías en mí,
yo me descubría
en ti.
Entonces nos dimos cuenta,
que nos conocíamos
desde siempre...
Te puedo decir
que el día tiene
su propia melancolía.
A veces se torna
contemplativo, o
se queda absorto
al atardecer.
Te deja transcurrir
por él,
a través de su
tul de brisa.
Con el temperamento
a veces tibio
a veces frío.
Te mira a través
de la ventana
sin decirte nada...