Si creyeras
en cada latido,
cada respiración,
en amaneceres,
crepúsculos,
sonrisas, abrazos,
palabras, silencios,
miradas, gestos
humanos,
en la ternura
tibia, palpitante...
Que permanezca
todo en el misterio
como en los ojos
de un niño,
abiertos, plenos,
confiados, desplegando
la vida en el universo...
El espacio abraza
todos los costados,
comprende todos
los cuerpos,
puede perderse
en todos los bosques,
en las alturas de
todas las montañas,
en el extenso trigal,
los páramos,
los grandes prados,
se hace distancia
cuando quiere
infinito...
En el misterio
de la mañana,
con el mar apaciguado
y azul.
El agua salina
y despierta,
la luz tibia
de septiembre...
Jamás,
es una caída
sin altura,
más que inalcanzable,
más que imposible.
Quizás, es esperanza,
el posible resplandor,
de un brote
esperando sin
condiciones...
Horas, quizás solo momentos
de apacible alegría,
abrazos profundos, latido
perpetuo de todos los corazones.
Soledad natural que rodea
todas las cosas,
a nosotros, vosotros
y ellos.
Brota la cercanía,
manos que se entrelazan
en un corro inmenso,
tibio, entrañable, humano...
En tu silencio,
inmensidad,
espacio estelar
que palpita,
danzando las
constelaciones,
alegría infinita
de las galaxias.
Ternura crepuscular
de todos los soles,
la gran sombra,
el gran resplandor...